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UNA GRAN TIERRA DE VINOS

Nuestra primera actividad después de estos tiempos de COVID e incertidumbre ha sido una cata comparativa que, de la mano de Juancho Asenjo, se centró en los vinos blancos franceses de la zona geográfica de Burdeos y una representación de algunos blancos riojanos. Sirvió la tarde para escuchar y también dialogar sobre la situación actual, ya que Juancho sabe contar y transmitir a la vez que es un enamorado de la conversación y el debate.

Entre los asistentes Carlos Echapresto, posiblemente el gran sumiller de Rioja por sus profundos conocimientos de los vinos de nuestra región y del mundo, empezó comentando algunas de las explicaciones de Asenjo. La tarde prometía discusión y de manera natural las preguntas de los socios de la Asociación de Sumilleres hicieron que la presentación se convirtiera en un momento inolvidable. No haré aquí el comentario de la cata, pero si diré que en líneas generales la tarde sirvió para hablar de los acontecimientos pasados y presentes de nuestra región. Se habló de futuro también y de variedades minoritarias y, como no, de la gran diversidad de suelos y viñedos únicos que tenemos aquí y que poco a poco se están dando a conocer. Nuestro trabajo como umilleres consiste en esto, porque no todo ha sido así de sencillo y durante ciertos años, oscuros diría yo, la confianza desapareció en nuestras variedades más tradicionales, digamos la viura sin ir más lejos que al ser tapadas por otras de mayor expresividad, digamos la Verdejo, la Sauvignon Blanc, la Chenin Blanc , incluso el Albariño, hicieron mucho daño a nuestra ya histórica falta de confianza. Es cierto que esta sustitución de variedades blancas por tintas se debió precisamente a esa adecuación de la demanda real de los vinos blancos de Rioja, claramente menos demandados, pero al final se acabó imponiendo el injerto a variedades tintas. Y así fue como la religión del tempranillo ha ido alimentando la historia de nuestra D.O.

Vernos en los demás, compararnos, juzgarnos como diferentes, pero sin complejos es un ejercicio que requiere conocimiento histórico y confianza en nosotros mismos. Entre los comentarios de la comparativa con los blancos de Burdeos encontramos razones más que suficientes para creer. El Tempranillo Blanco de la Bodega Ontañón que se cató, no pasó desapercibido y todos lo señalaron como una gran alternativa a otras variedades invasivas con gran peso en fruta, dígase Verdejo, de otras regiones. La Maturana blanca de Bodegas Ijalba sorprendió por su tremendo equilibrio y potencial.

En las últimas palabras de Juancho Asenjo quedó un mensaje que todos reconocemos: “En la Rioja se debe apostar por la Maturana, tanto blanca como tinta. Su calidad es enorme y su futuro no tiene límites. De hecho, el futuro de la Rioja no ha hecho nada más que empezar”