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Una Experiencia de 360 Grados

Judit Valdelana y Cristina Gutiérrez viven intensamente desde sus bodegas una apuesta que crece con paso firme en Rioja: el enoturismo visto como una experiencia total.

Ellas son presente y futuro en Viña Ijalba y Bodegas Valdelana, Logroño y Elciego con las puertas de sus bodegas «abiertas al mundo», como les gusta decir. Cuando recalcan conceptos como marketing digital o venta 'on line' dejan a sus abuelos con la boca abierta, pero pasado el pasmo inicial los mayores les dejan hacer. Saben que el enoturismo es un camino que se debe explorar y que su recorrido resulta inexcusable.

¿Tienes una historia que contar? Hazlo con las herramientas que tengas a tu disposición. Así actúan nuestras protagonistas. La gente tiene que experimentar sensaciones –bien sea con el boca a boca o navegando por Internet–, debe percibir el palpitar de la bodega para que ésta deje de ser un conjunto anónimo de depósitos de acero inoxidable y botelleros mudos. Alma, esa es la palabra.

«El confinamiento nos ha ayudado a desarrollar este nuevo proyecto, el enoturismo al aire libre. Pero siempre escuchando a los mayores, absorbiendo lo que nos pueden ofrecer. Si conseguimos unir sus experiencias de vida y viña con el mundo en el que ahora nos movemos, el éxito está asegurado. Queremos que quienes nos visiten se sientan familia, se sientan Rioja al descorchar una de nuestras botellas; en el fondo somos privilegiadas, la gente que llega desde Canadá o desde China, viene a vernos. Hay que agradecerlo». Es Cristina Gutiérrez quien habla.

«Después de tanto curso y tanta formación, me di cuenta de que el mejor maestro lo tenía casa: mi padre»
JUDIT VALDELANA, BODEGAS VALDELANA

«La gente quiere pisar la tierra, tocar la uva, sentir la naturaleza. Que le cuentes tu historia paseando por el viñedo»
CRISTINA GUTIÉRREZ, VIÑA IJALBA

«Completamente de acuerdo, nosotros intentamos hacer una experiencia de 360 grados. Se alojan en nuestra bodega, visitan nuestros calados y luego les llevamos al viñedo a pisar la tierra y a hacer algo con un valor añadido. Porque así lo entendemos en Valdelana, el enoturismo empieza cuando esas personas se marchan de nuestra casa. Han cambiado los hábitos del aficionado al vino, ¿cuántos aviones hemos cogido, Cristina? Igual ya no merece tanto la pena y compensa más estar a pie de bodega y contar nuestras historias, hacer que se empapen de esas vivencias», toma el relevo Judit Valdelana.

Viendo mundo

«Cuando vuelas a Nappa Valley, cuando cruzas el charco y vas hasta San Francisco para aprender, visitas macrobodegas, marcas que venden mucho vino y que detrás no tienen tanta esencia, nuestro origen, nuestra historia... Y que con nada te hacen un marketing de lujo... Pero yo me digo, si esta gente viniera a Rioja, con lo que tenemos, le sacaría chispas. Debemos innovar, pero respetando el pasado. Yo me he formado mucho, entré con una visión de cambiar un montón de cosas y quería hacerlo de golpe, pero con el tiempo te das cuenta de que el mejor maestro lo tengo en casa, y es mi padre».

Se suma a lo dicho Cristina: «Has dicho algo importantísimo y que nos une a las dos, la innovación. Nos preceden muchas generaciones, la mía es la tercera, pero lo que tenemos en común los jóvenes es esa idea, innovar. En enoturismo, en vinos, en diseño, debemos entender a la gente y preguntarnos, ¿qué están buscando? Intentemos darle algo más, vamos al viñedo, vamos a verlo a caballo y nos hacemos unas chuletillas, en quad... En el vino lo mismo, centrarnos en variedades autóctonas recuperadas, tenemos viura, por supuestísimo, pero podemos descorchar una maturana blanca; tenemos tempranillo, cómo no, pero también podemos abrir un graciano. Que diga la gente, jolín Rioja, ¡cómo se está abriendo!».

Y ello llega con el trato personal, con la cercanía del cara a cara. «Quien viene es un aficionado que valora que sea la propia familia la que les atienda y que les dé a catar sus vinos, esa es una experiencia que nos puede diferenciar de otro tipo de enoturismo» apunta la joven de Elciego. «Yo cuando decía que era la nieta», se ríe Cristina, «notaba la sorpresa, y sentía que lo que quieren es que tú les transmitas que es tu casa, que es parte de ti, que es una bodega en la que hablas de tu abuelo, no de tu jefe. Es lo que nos hace grandes, saber de dónde venimos».

Vamos cerrando. El enoturismo siglo XXI llega cargado de nuevas ideas, de conceptos innovadores y de una manera diferente de encarar a un aficionado al vino cada vez más exigente. «Solo nos queda brindar por este mundo del vino que es maravilloso, defender nuestras bodegas familiares porque son experiencias únicas las que vivimos y las que les vamos a ofrecer. Y brindar también por toda la gente joven que apuesta por el mundo rural en vez de irse a las grandes ciudades». Dicho queda.

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