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Rioja Oriental pisa fuerte: Hay que prolongar las visitas durante todo el año.

Es la gran desconocida dentro de Rioja. Ya sea por no situarse en el histórico emplazamiento del universo vinícola o por no contar con el mismo número de bodegas. Lo cierto es que Rioja Oriental y su Ruta del Vino ha sabido reinventarse y hacerse un hueco como parte de la Denominación que es. Tanto es el esfuerzo realizado por cada uno de los socios que durante 2019 fue la zona donde más creció el enoturismo dentro de Rioja respecto al ejercicio anterior. En concreto, un 40,69 por ciento, por delante de Rioja Alta (5,46) y Alavesa (6,40).

Así lo refleja el informe publicado por la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin), donde también se reconoce a Rioja como la Denominación que más visitas a bodegas y museos recibió durante el pasado año. Rioja Alta siempre ha sido la punta de lanza en esta batalla, seguida de Rioja Alavesa, pero las 55 empresas y veinte ayuntamientos socios ‘orientales’ no quieren quedarse atrás y pisan fuerte a la hora de atraer turistas.

Once establecimientos (bodegas, restaurantes, alojamientos turísticos y el Museo del Vino de Aldeanueva de Ebro) y cuatro ayuntamientos se unirán a Rioja Oriental a lo largo de este mes de junio, lo que consolida una reciente marca que trabaja con tan solo dos años de experiencia. «Le estamos dando luz a esta zona para poner en valor todo su patrimonio cultural y natural», apunta la gerente de la Ruta del Vino Rioja Oriental, Esther Rubio.

La clave, tal y como resalta Rubio, es «aglutinar todo el entramado empresarial de la zona» para venderlo conjuntamente. «Realizar sinergias y trabajar equipo para crear una marca que complemente al resto de zonas de Rioja y vendernos conjuntamente». Rubio apunta que el siguiente paso es afianzar el concepto de enoturismo durante los meses de vendimia porque por el momento solo se nota una gran afluencia durante el mes de junio: «Hay que prolongar las visitas durante todo el año, que no se estacionen solo en unos meses concretos».

Bodegas Faustino Rivero Ulecia, del grupo Marqués del Atrio, ya reabrió en mayo su Wine Bar y tienda especializada, aunque no será hasta el 1 de julio cuando retome su actividad enoturística habitual con las visitas a bodega. Un «auténtico éxito» para el primer fin de semana, y eso que jugaba un ‘derbi regional’. «Cuando abran fronteras entre comunidades ya será otra cosa», recalca Jorge Rivero, quinta generación de la bodega. Unos encuentros maridados con embutidos y champiñones de la zona, «todo kilómetro cero».

Jorge y Manuel Rivero.

«Tenemos un caldo de cultivo exquisito con bodegas preciosas y grandes viñedos, pero faltaba dar el salto de mostrarnos al mundo porque Rioja Oriental ha de estar en el nivel que se merece», recalca Rivero. Desde su punto de vista, estima que septiembre puede ser la fecha donde se aprecie la recuperación del enoturismo si no hay nuevos repuntes de la enfermedad. «Podemos salir incluso beneficiados porque la gente este año va a demandar un turismo nacional», asegura.

Más viña que vino

A los pies de la Sierra de La Hez, en el Valle de Ocón y en plena Reserva de la Biosfera, 163 hectáreas de viñedo se extienden dentro de Finca Vistahermosa acogiendo la mayor reserva de garnacha de cepa vieja de la región. El entorno paisajístico que ahí se ofrece dista mucho del de las célebres bodegas. «Aquí priman las visitas largas y pausadas, donde el viñedo toma gran importancia, mientras que la pequeña nave donde se alberga la bodega sirve para explicar el proceso de vinificación, pero no es nada espectacular», señala el responsable de enoturismo, David Inchaurraga.

Finca Vistahermosa.

Este fin de semana reabre su finca de cara al público, aunque no es hasta el Día de La Rioja (9 de junio) cuando llegarán los primeros visitantes después del parón de casi tres meses provocado por la crisis sanitaria. «Cuatro familias de Logroño que buscan un lugar donde reunirse y pasar el día de forma sosegada», apunta Inchaurraga. Ese es el verdadero atractivo de Finca Vistahermosa. «Pasear a caballo, en calesa o en el remolque del tractor a lo largo de los cinco kilómetros de viñas, disfrutar de unas chuletillas al sarmiento o de unas patatas a la riojana».

Una oferta turística que, sobre todo, atrae a un público nacional pero mayormente de fuera de la región. «Nuestro cliente tipo no es de Logroño porque, al fin y al cabo, si no es un familiar, un amigo tiene un viña. Estos entornos no les suscitan tanto interés como a uno de Madrid o Cataluña», recalca, reconociendo que el Valle de Ocón sigue siendo un entorno desconocido al que «tampoco le beneficia el no ser un sitio de paso»